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martes, 19 de junio de 2012

4 Manos 2 Corazones


Por Leticia Portilla.


Sentir a México es algo que está hoy en el corazón de muchos, un latido social que se agrega al latido biológico que cada uno de nosotros alberga. Sentir con el corazón a México es hoy indispensable para regenerar a nuestra patria y dejar atrás la espiral de barbarie, violencia y desigualdad que tanto nos degrada y lastima en lo individual y lo colectivo. Nadie puede creerse al margen de lo que hoy ocurre ni de lo que venga en el porvenir. Este 2012, año de elecciones, es también, al decir de los mayas, el cierre de un ciclo.

Vivimos, pues, un año de re-creación para decidir quiénes queremos ser y hacia dónde deseamos dirigirnos.

Nuestra democracia es frágil e incipiente, dominada aún por fuerzas e intereses que escapan al control ciudadano. La lucha no es sencilla en este camino sembrado de obstáculos visibles y sutiles por parte de quienes quieren que nada cambie y están dispuestos a pagar el precio que sea para que todo siga igual. Etapa difícil, sin duda, la de este nuestro tiempo histórico, en la que se combinan rebeldías y sumisiones, inercias del pasado y atisbos del porvenir.

Sin embargo, hoy se han comenzado a cuestionar a fondo realidades que se creían o suponían inconmovibles, esencialmente el poder de los medios de comunicación tradicionales para decidir sin más y a nombre de todos el rumbo del país.

En medio de las complacencias y los lugares comunes irrumpieron los jóvenes para recordarnos que no somos audiencia sino ciudadanía, que es decir mujeres y hombres libres capaces de informarnos y decidir por nuestra cuenta. Muchos sabíamos que tras la escenografía que diariamente se asomaba desde las pantallas de televisión se ocultaba una realidad social hiriente. Lo sabíamos y lo tolerábamos, a veces con cansancio, a veces con indignación, a veces incluso con desinterés. Pero muy pocos eran los que se atrevían a hacer algo al respecto. Los jóvenes que salieron a las calles tuvieron la virtud de decírnoslo a gritos a la cara, de despertarnos, de generar una inesperada primavera política, la estación que refrescó a nuestra democracia, siempre tan en manos de los políticos profesionales, los empresarios de siempre y sus infaltables voceros y comunicadores, tan ahítos de verdades a medias o de mentiras completas.

Este martes 19 de junio será una fecha clave, punto de encuentro entre quienes aspiran a gobernar y ellos, los jóvenes, que aspiran a transformarlo todo. Quién tenga la capacidad de escucharlos y poner el corazón al servicio de ese tiempo nuevo que anuncian sus pasos, sus pancartas, sus voces, su alegría, podrá, sin duda, servir a esa renovación que tanta falta nos hace y que hoy muchos anhelamos con esperanza. Porque hoy el México que nace no necesita un gobernante en el sentido tradicional de la palabra, sino más bien a alguien capaz de actuar en sincronía con ese estallido de esperanza por México, al que muchos pensaban prácticamente muerto.

Las redes sociales, plazas plurales de expresión, han dado cauce a esta campaña presidencial, al debate, a la noticia que los medios de siempre nomás no aparece, al sentir de una sociedad que no quiere ya más ocasos, sino albas. Desde ellas se libra buena parte de la batalla entre el pasado que se resiste a marcharse y el futuro que, sin llegar, anuncia sus primeros rasgos. Asistimos al preámbulo de lo que puede ser una gran fiesta cívica si los políticos y la sociedad son capaces de reconocer la profunda transformación que se incuba en la nación. De la más pequeñas comunidades rurales a las más complejas ciudades atestiguamos el alzamiento de una sociedad cada vez más activa, participativa, creativa y crítica. Atrás van quedando viejos moldes e inercias. En el aquí y el ahora es de México están naciendo nuevas formas de participación y caminos inéditos para expresarla. Desatinado aquel que piense que México será el mismo de siempre luego del 1ro. de julio.

Hoy vemos las mansiones de los nuevos ricos del PAN, que dejaron atrás su compromiso ético con el cambio para pasar a ser vecinos geográficos (y políticos) de aquellos a quien por décadas criticaron, esos a quienes hoy representa Peña Nieto y la cauda de los Yarrington, Montiel, Marín, Moreira y otros tantos que encarnan la restauración de la corrupta y cínica presidencia imperial. Jóvenes y viejos participan en esa danza de dos rostros donde el PAN y el PRI acabaron por parecerse tanto que a veces resulta difícil saber, en los hechos cotidianos, quién gobierna a la tragedia que hoy es México.

Como priista de años vi de cerca la forma en como se dejaron ir las oportunidades para el cambio del partido en estos dos sexenios. Tiempo hubo, causas también. Lo que faltó fue voluntad. Era más cómodo vivir en la burbuja de los privilegios y la línea. La inercia fue siempre preferible para quienes nunca dejaron de ejercer el mando a partir de sus viejas rutinas, de la simulación, de la vejez espiritual cuando no francamente física. ¿Y por qué no? Después de todo, con el PAN no había diferencia, sino connivencia.

Viví como en un sueño, creyendo en las intenciones, pero despertando a punta de realidades. Fue un proceso largo y meditado en el que realidad nunca dejó de mostrarme el uso de mera mercancía electoral que se le daba a quienes en diversos procesos electorales se acercaban al PRI con su esperanza a cuestas, creyendo con nobleza que el partido los buscaba para ese fin que debiera ser origen de cualquier partido que se precie de serlo: la recuperación y representación de las causas de la sociedad, sobre todo de quienes más lo necesitan, para a partir de ahí transformar la realidad. Pero nunca fue así. Eran solo sus votos los que importaban. Votos para que siguiera girando la rueda de los gobiernos que terminan por olvidarse de todos salvo de los intereses de quienes gobiernan.

De la campaña de uno en uno, de voz en voz, de López Obrador, a los faraónicos eventos de EPN, hay una distancia de la Tierra al Cielo. De la camioneta común a la Suburban blindada, del vuelo comercial al jet privado. Una campaña, la de Peña, signada por el derroche en un país de mas de 50 millones de seres humanos en pobreza extrema, a la que la inconsistencia del PAN agregó no solo más pobres, sino decenas de miles de muertos por la absurda guerra de los últimos seis años, para cerrar con el inefable Fox que llama hoy a regresar a patadas a Los Pinos a los mismos que hace apenas doce años llamaba a sacar a patadas. Y a los que nunca sacó.

¿Hasta dónde quieren llevar a México el PRI y el PAN?

Todos los días me pregunto que han hecho estos políticos impostados, que aparentemente hablan tan bien, que saben de todo, por ese México profundo, el de todos los días, el que duele... pero el que también lucha, el que no se ha rendido y se niega a seguir viviendo en la sumisión y la desesperanza. El mejor antídoto para esos políticos sofisticados, "altamente preparados", falsos finalmente, es la naturalidad. La naturalidad tiene lo suyo, la naturalidad es el remedio para esa chinga que le han metido a la sociedad, al país entero, estos "políticos tan hechos."

El 1ro. de julio se decide el futuro de la nación. Quizá, en el momento de esa soledad, frente a una caja llamada técnicamente urna, predomine el temor, el miedo, la nostalgia o la incertidumbre. Esas son las emociones que llevamos dentro. Por una parte, un país ensangrentado, con más de 60 mil muertos, personas con nombre y apellido borrados por las balas de una guerra sin estrategia que ha violentado a todo el país. Aquí no hay leyenda, solo realidad, y creo que esa violencia cotidiana sin distingos es lo que menos queremos seguir viviendo. El Estado está obligado a dar seguridad a sus ciudadanos, pero también está obligado a darla en los términos más amplios, y ello incluye la decisión de que la paz es en buena medida fruto del bienestar y de las oportunidades de una vida digna para todos.

En esta hora de cambio, México necesita otra mirada, un cambio de mirada: la nuestra, la del ciudadano de a pie, de carne y hueso. No más políticos mecánicos, no más políticos  sin sentimientos. Lo de hoy, y aún tenemos que aprenderlo, es la vida sin formato ni guiones. Ya vimos qué pasa cuando no hay guión, cuando no hay talento, cuando el mundo está, pues, de cabeza.

Hay un país que está más allá del "círculo rojo" al que la sencillez y la naturalidad le llega. No desestimemos el hartazgo que hay en las grandes mayorías,  ésas que están saliendo a la calle todos los días. No decidamos el voto con la óptica de nuestro mero entorno. Veamos lejos, hasta el último rincón de la patria, y si la mirada no alcanza, imaginemos los ejidos, las unidades habitacionales, las fábricas y las colonias populares donde se tejen los sueños de tantos mexicanos. Pensemos también en nuestros paisanos, en los que se han tenido que marchar al otro lado del río Bravo. Pensemos desde luego, en los migrantes centroamericanos que cruzan el territorio nacional, pensemos con compasión, que es, simplemente, sentir el dolor del otro para saber que todos somos los mismos y que es ahí donde nuestra común humanidad adquiere el sentido más amplio.

En el momento de cruzar la boleta, no olvidemos que mientras en el México de abajo hay una profunda desigualdad social, en el de arriba las cubetadas de desprecio no tienen límite. Leía en estos días a Pedro Ferriz, periodista que no conoce la ética y cuya duenta de Twitter está cargada de violencia verbal. Así podría mencionar a Ricardo Alemán, a Ciro Gomez Leyva, a Carlos Marín, a tantos empoderados que son buenos para juzgar a la violencia de otros, pero que hablan siempre ellos mismos desde la violencia y el desprecio.

Hay décadas de silencio, hasta que llega un momento en que todo ocurre, el del "ya basta". La sociedad ha dejado de ser un mar de marionetas que se manipulaban mediante hilos desde el poder. En consecuencia, puedo decir que lo menos deseable es que el 1ro. de julio haya una elección "a la priísta" y avasallando y atropellando se quiera imponer a un presidente.

Salgamos a votar por México, hagámoslo desde el corazón, sin esa víscera que señala al candidato de las izquierdas como el Chávez. Han reeditado el 2006 porque no tienen nada nuevo que achacarle a Andrés Manuel, quien ni siquiera se ha expresado en contra de la actitud intromisoria del presidente Calderón y su gabinete al descalificar sus propuestas del pasado debate. Han sido, los de AMLO, 6 años de lucha pacífica y cívica. Resolvamos nosotros esta elección. Ningún partido puede ganar el 1ro. de julio la presidencia con su voto duro.

Nosotros decidimos, hagámoslo razonadamente; no nos confrontemos, somos todos mexicanos.

La película "Colosio, el asesinato" nos trae a la memoria ese México con hambre y sed de justicia y ese México lleno de soberbia en las oficinas gubernamentales en todos sus niveles. Ese México, en el que Luis Donaldo habló en un ejercicio de autocrítica de la excesiva concentración del poder que da lugar a decisiones equivocadas, al monopolio de las iniciativas, a los abusos y a los excesos.Concluyo con una parte de ese memorable discurso del 6 de Marzo de 1994: "No queremos ni concesiones, al margen de los votos, ni votos al margen de la Ley... Es la hora de la confianza para todos; la de traducir las buenas finanzas nacionales en buenas finanzas familiares... El gran reclamo de México es la democracia. El país quiere ejercerla a cabalidad."

Con la certeza del cambio verdadero, vayamos juntos a serenar el país, empecemos por nosotros mismos, hagámoslo con esperanza, con certidumbre, con la certeza de que hay otro camino, un mejor camino, que no hemos recorrido como país y al que todos tenemos algo que aportar.